Plan B

the beat goes on!

colour my life with the chaos of trouble

En un par de horas van a pasar ‘Once’ en BBC One. Hace un par de semanas no tendría ningún problema en quedarme despierta hasta pasada la medianoche y verla. Pero a partir de esta noche todo va a cambiar.

Llevo casi cinco años sin tener que levantarme o irme a dormir temprano. Llevo casi cinco años sin tener que rendirle cuentas a nadie de mi tiempo, de lo que hago (o lo que dejo de hacer) o a qué hora lo hago. Mientras termine mis traducciones bien y a tiempo… todos felices.

A partir de mañana cambio toda esa libertad por la oportunidad de desempeñarme en un medio completamente nuevo. Y aunque me emociona sobremanera no dejo de sentir un poco de miedo—ni paralizante ni irracional, pero miedo a fin de cuentas. Después de todo, es un gran cambio. Voy a tener que despertarme a oscuras y salir a la calle fría y lluviosa, tomar un tren atiborrado de zombis y presentarme en una oficina a las 9 de la mañana para no salir de ahí sino hasta las 6 (si bien me va). Sé que voy a hacerlo, pero voy a tener que hacer acopio de todo mi ingenio, fuerza de voluntad y demás mañas para esta readaptación—como ya lo he dicho antes, yo no estoy en mis cinco sino hasta (bien) pasado el mediodía.

La idea de socializar en una oficina también me abruma un poco. No vaya usted a creer que soy una sociópata desadaptada, no. Lo que sí soy es dolorosamente tímida por naturaleza, y socializar así de buenas a primeras no se me da con ninguna facilidad. Mucho menos siendo la chica nueva. Me siento señalada e imagino que todas las miradas estarán posadas en mí y en todo lo que voy a hacer, muy posiblemente mal. Tengo miedo de que trabajar en un lugar lleno de gente vaya a agobiarme y me vuelva un poco más loca. Sé que me hace falta conocer a más gente (y Londres es el lugar perfecto para ello) y estoy dispuesta a hacerlo, pero… no sé, supongo que es cierta renuencia a renunciar a lo que llamaré “mis modos”. Necedad de quien lleva cinco años sin tener que (o a ratos querer, la verdad sea dicha) salir de su lóbrega y solitaria cueva de cotidianeidad.

Para acabar pronto: tengo miedo de salir de mi zona de confort. Pero tengo que hacerlo. Debo hacerlo. Quiero hacerlo. Y querer es poder. No sé qué vaya a salir de todo esto—ni siquiera estoy 100% segura de que el nuevo empleo sea el indicado para mí. Pero también es cierto que tímida, necia, miedosa y solitaria, me gusta lanzarme a lo desconocido sin más motivos que un “a ver qué tal”. Total. Lo bailado ya nadie me lo quita.

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