Plan B

the beat goes on!

condemned to rock ‘n’ roll

Creo que los descubrí cuando tenía 17 años. Lo primero que escuché fue “A Design For Life”, canción que por mucho tiempo fue el único material en mi poder de los Manic Street Preachers. La grabé directo del radio. A pesar de la mala calidad de la grabación y de que estaba incompleta al principio y al final, me dejó maravillada y pronto quise más. Tiempo después, un amigo de mi entonces novio me regaló This Is My Truth Tell Me Yours, versión japonesa y piratota. ¡Mi primer CD quemado! No escuché otra cosa en semanas. Y desde entonces amo a ese trío galés con su cuarto integrante perdido en la memoria colectiva y en la eternidad.

Jamás pensé que tendría la oportunidad de ver a los Manics en vivo. En mis épocas de preparatoriana esas bandas se adoraban con fervor y de lejos, aquello era verdadera fe. Las oigo pero no las veo, coño, ni las veré. Si conseguir sus discos era difícil y costosísimo, imaginar que algún promotor las llevaría a México era un sueño guajiro. Cómo ha cambiado todo.

Ahora estoy en Londres y los conciertos de esas y otras bandas son cosas de todos los días. De ahí que no me cayera el veinte de que vería a los Manics después de todos estos años sino hasta que se apagaron las luces y el escenario de la O2 Academy en Brixton se iluminó. ¡Esto sí está pasando! La estupefacción inicial se transformó en emoción casi orgásmica cuando James Dean Bradfield anunció “Motorcycle Emptiness”. ¿Cuántas veces la habré escuchado en un loop infinito? “Y ahora sus acordes me están haciendo vibrar”, me dije mientras pegaba brincos de emoción.

Con cada canción subía la intensidad de la experiencia. “Everything Must Go” terminó de encandilar a los asistentes que inexplicablemente seguían sin reaccionar, mientras que “Roses In The Hospital” causó sensación entre los fans más antiguos de la banda—hubo mucho señor de mediana edad por ahí, por lo que en lugar de sentirme vieja, como viene sucediendo últimamente en los conciertos a los que voy, me sentí renovada y lozana, ja. “My Little Empire”, siendo una de mis canciones favoritas de ese This Is My Truth quemado, fue una gratísima sorpresa. Me trajo muchos recuerdos. Con “If You Tolerate This Your Children Will Be Next” pude haberme muerto ahí mismo. El set acústico de James Dean fue un verdadero lujo intimista, igual de memorable y poderoso que la impetuosidad y el estruendo de todo el repertorio que los Manics presentaron en Brixton—los Manics tienen la capacidad extraordinaria de exudar lo mismo una fuerza brutal que una dulzura exquisita. Las guitarras reverberaron en mi tórax, la batería retumbó en mis órganos internos y el bajo palpitó con mi corazón excitado. Lo que se dejó venir al final con “A Design For Life” va más allá de cualquier descripción. Los asistentes todos estaban vueltos locos. La banda estaba dejándolo todo sobre el escenario. El recinto entero podría haberse venido abajo.

Al salir de ahí noté que tenía el pulso a tope, así como un pitido en el oído (que no desapareció sino hasta 24 horas después) y un gratificante dolor en el cuello resultado de la más larga y feliz sesión de headbanging de mi vida.

You love us, Manic Street Preachers. You love us!

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