Plan B

the beat goes on!

quiero sentirme bien

Hoy es uno de esos días en que pareciera que se junta la mala vibra y todo hace que me sienta mal acerca de (casi) todo.

Estoy buscando trabajo y nada de nada. He enviado nueve solicitudes de empleo y salvo una entrevista (de cuyo resultado no he podido averiguar nada aunque ya llamé al empleador en un par de ocasiones), nadie se ha puesto en contacto conmigo. O sea, mala señal. Ya revisé mi CV y mi carta de presentación hasta el cansancio y según Rossendo y  yo, están más que decentes: atractivos, buen formato, completos, fáciles de leer, concisos y formales. Pero nada de nada.

Y mientras tanto leo vacantes que podría cubrir y cada una me va empequeñeciendo el amor propio y la confianza en mí misma. No sé hacer esto, no tengo experiencia en aquello, qué rayos es esa cosa, no sabía que tenía que saber hacer esto otro. Y así. Me siento completa y totalmente infracalificada para lo que sea. Yo sólo sé que sé traducir bien. Que me comprometo al máximo con cada proyecto que se me asigna. Que tengo buena ortografía, que no entrego porquerías, que cuido hasta el más mínimo detalle de mi trabajo, que lo que no entiendo lo investigo y lo que no sé lo aprendo. Que puedo pasar noches enteras frente al monitor con tal de entregar algo a tiempo. Y que no hay nada más gratificante que un texto que se ve hermoso y que se lee con soltura y naturalidad.

Según yo, esos son atributos que deberían conseguirme mínimo una entrevistita de trabajo. Una llamada de algún empleador interesado. Alguna compañía remotamente curiosilla. Pero no. Nada de nada.

Y para empeorar las cosas, resulta que no sólo soy una inútil incapaz de competir en el mundo laboral de hoy: el otro día me probé unos pantalones que hacía literalmente años no me ponía y bolas, no entré en ellos como antes. Pude abrochar el cierre pero corría el riesgo de desparramarme como tamal mal amarrado en cualquier momento. Mi ropa deportiva y mis tenis están bien guardaditos en los confines más recónditos de mi clóset y mi tonelaje exige que los saque de ahí para ponerme en forma y arreglar mi (des)figura. Pero no tengo ganas. Estoy en medio de ese horroroso círculo vicioso tipo “me veo en el espejo, no me gusta lo que veo, necesito hacer ejercicio, ash, no me da la gana, qué hueva, está lloviendo, no tengo fuerza de voluntad, voy por unas donas, al rato pido una pizza, me veo en el espejo, no me gusta lo que veo…”. Y así hasta el infinito. Lamentable. Por si fuera poco, necesito con urgencia un corte de cabello, pero de momento no puedo incluir dicho costo en mi presupuesto de subempleada en una de las ciudades más caras del universo. Pero aquí quería vivir, ¿no?

Y ya, para rematar, debo ser franca y confesar que mis esfuerzos vegetarianos han fallado, pues empecé a comer carne otra vez. O sea que además de inútil, floja, gorda, tragona, greñuda y pobre, también soy una hipócrita. Chillo a moco tendido cuando me entero de algún tipo de maltrato animal pero bien que me echo un sándwich de jamón casi diario. O un pollito KFC. Valiente mujer de convicciones, ¿eh?

Sólo espero que el concierto de los Manic Street Preachers del jueves no se cancele. Tengo una suerte para la cancelación de conciertos que una parte de mí me dice que mejor me vaya preparando para lo pior. Total, un descalabro más en esta rachita infernal…

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