Plan B

the beat goes on!

Retail therapy

Ah, pero qué bien se siente uno cuando va de compras. Las endorfinas se pasean felices por todo el cuerpo y le dan a uno una sensación de bienestar casi tóxica. ¡Qué sabroso se siente sacarle brillo a la tarjeta!

Eso mero hice hoy. Estrené mi primera tarjeta de crédito. Y como adulta (ir)responsable que soy lo primero que hice después de activarla en un cajero fue darle buen uso. No se crean, tampoco es que me haya ido a atascarme de cosas sin pensar en precios y cómo voy a pagar. Siempre he pensado que el crédito es del diablo y por ello, aunque emocionada con mi shopping spree, tampoco es que haya perdido el juicio comprando.

La lista de mis nuevas adquisiciones es la siguiente:

Un tocado fifí y una chalina coquetona para la boda from hell del próximo sábado. El tocado lo vi desde hace más de un mes, pero como costaba 20 libras lo dejé muy tranquilito en su estante (¿400 pesos por una madre que me voy a poner una vez en mi vida? Ni loca). No obstante, valió la pena la espera porque hoy lo encontré bara-bara de remate a 4 libras. ¡Ajúa! Si comprar es relindo, comprar gangas es todavía más mejor.

Una crema humectante y un exfoliador de The Body Shop. No gasto mucho en productos de belleza, a mis 27 sigo pensando que no necesito gran cosa para verme ya no digamos bella sino más o menos decente (quizá en 10 años mi exceso de confianza se convertirá en arrepentimiento): con mi crema para el cuerpo y mi exfoliante de cítricos de The Body Shop soy inmensamente feliz a la vez que huelo a frutero tropical o a yogurt. Y eso, amigos, no tiene precio.

Una diadema equis que me ganó simplemente porque está bien cómoda. Llevo con ella más de cuatro horas y todavía no me causa dolor atrás de las orejas. Porque cómo llegan a doler las pinches diademas después de un rato, ¿no? La mía cumple con las tres C: coqueta, cómoda y cheap.

Una blusa tipo túnica bien hippiosona preciosa que me dijo “llévame contigo” en cuanto la vi. La vi tan solita esperando en su gancho que no le pude decir que no a la pobre. En esa misma tienda (¡Zarita de mis amores!) compré una chalina igualmente hippiosona y multicolor pa’ la temporada otoño-invierno que se avecina.

Por último, mi faceta otaku se dio un verdadero atasque en Love Ghibli. Ahí fue donde dejé la mayor parte del capital, jubilosamente invertido en un bolso/morral de Jiji que, se los juro, se me aparece en sueños prácticamente todas las noches desde que lo vi en interné hace como dos meses. Y como no puedo ir por la vida sin que una cosa haga juego con la otra, pues me hice de la cartera también. Y de una taza. Y de unas calcomanías. Todo de Jiji, por supuesto. El monto total es algo indecente, pero por eso mismo la compra es exponencialmente más satisfactoria. Babeo.

Y todo esto mientras deambulo desesperada, confundida y emocionada entre el semidesempleo y el sopor traductoril, una oportunidad de trabajo bastante buena en el campo editorial pero que implicaría mudarme a Londres en chinga loca y sola (temporalmente) y la idea disparatada pero cada vez más atractiva de estudiar un diplomado para aprender a dar masajes holísticos–nada de charlatanería ni mucho menos; es un curso con bases científicas y reconocimiento serio; si no ni le entraba.

Unas veces me fascina la idea de tener nuevas oportunidades en puerta, en otras me aterra no saber qué carajos quiero hacer con mi vida. Por un lado no soy una anciana como para negarme a cosas nuevas y diferentes, pero también es cierto que ya no estoy tan escuincla como para decidirme por algo y después mandarlo al diablo porque “siempre no me gustó”. Pressure is on. Tengo que ganarme la vida de algún modo, y ser lo más feliz posible con ello, pero no sé cómo. Es como volver al dilema de mis 18 años, cuando no sabía si meterme a Área I para estudiar medicina o a Área IV para estudiar alguna humanidad. Dos opciones diametralmente opuestas e igualmente interesantes, pero claro, sólo se puede seleccionar una sola.

En aquel entonces las cosas ya tenían un grado de complejidad nivel “no duermo” con tan solo dos rumbos a elegir. Y ahora que son tres y que encima tengo más responsabilidades que nunca la situación no es nada fácil. No dejo de preguntarme en qué acabará esta crisis profesional que me ha caído encima con la misma sorpresa que una emboscada.

Al menos ya me fui de compras…

La bonita imagen que ilustra este post es de silviaStella.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: