Plan B

the beat goes on!

Peluchín

Desde siempre había querido una mascota, pero mis padres (específicamente, mi señora madre) se opuso durante tanto tiempo que antes de los 12 años yo ya sabía que aquello que otros consideraban la cosa más común jamás sucedería mientras viviera con mis progenitores. Mi madre argumentaba que la casa era demasiado pequeña para tener una pet, pero todos (mi hermana que también quería una mascota, mi padre que no le hubiera hecho al fuchi pero que prefería darle la razón a mi madre para evitar lo que él denomina “gritos y sombrerazos”, y, claro, yo mera) sabíamos que la razón por la que la señora de la casa se oponía a la adquisición de un animalito era, simple y llanamente, que no quería que un cuadrúpedo le ensuciara su hogar (mi madre tiene el prurito de la higiene). Por un lado creo que así estuvo bien, y hasta puedo decir que papá tenía razón. De haber tenido una mascota, las sesiones de “gritos y sombrerazos” habrían sido muchas y muy feas.

Una de las primeras cosas que planée desde que me mudé con Ross fue hacernos de un gatito. La idea de un minino en nuestro hogar surgió la misma noche en que Ross me propuso vivir con él, acaso unos momentos después de decir “sí”. Pero cuando finalmente nos mudamos a nuestro primer departamento, el casero nos hizo saber que no estaba permitido tener mascotas. Ni modosss. Meses después, nos cambiamos a otro departamento, y aunque el casero nunca comentó nada sobre animales, decidí, muy valemadrosa yo, que nos haríamos de un gato. La razón: el vecino de abajo tiene un perro, algo grande y bastante apestoso. So, si el vecino podía tener perro (cagón, escandaloso y cochino), nosotros podíamos tener un gato (son mucho más limpiecitos y tranquilos). Así que sin pedirle permiso a nadie, comenzó la búsqueda de Peluchín. Desde antes de tenerlo, supe que así se llamaría: podrá ser un nombre bastante bobo y simplón, pero tiene un significado especial para mí, me remite a una cena con molletes en la Indus, me recuerda la cocina de toda mi vida y a mi mamá. Sob, sob.

En fin. Encontrar a Peluchín fue todo un reto. Los gatos en estos rumbos salen bastante caros, pues prácticamente todos los que están a la venta son de pedigree. Y a mí lo que menos me interesaba era tener un gato fifí. Ross y yo invertimos varios meses buscando en anuncios de periódico, refugios e Internet. Nada. Había gatos muy viejos o muy caros, y ni Ross ni yo teníamos dinero suficiente o ganas de adoptar un gato sólo para que se nos muriera en un año. Seguimos buscando por doquier. Hasta que un sábado de abril apareció un anuncio de gatitos recién nacidos a un precio razonable. Vimos la foto de Peluchín y supimos que no había que buscar más.

El viernes pasado Peluchín llegó a casa (dos meses después de nacido, aún pequeñito pero independiente de su madre) . Y no lleva aquí ni una semana y la atmósfera de mi hogar ya es diferente. Es lindo saber que ya no estoy sola mientras Ross está en la oficina, lo mismo desde muy temprano que hasta entrada la noche, siempre en horarios que varían de una semana a otra; es lindo sentarme a desayunar con Peluchín a mi lado, jugar con su ratón de tela y sus cascabelitos, servirle su platito de leche, cuidar que no se caiga del sillón y hasta revisar que no me deje ningún regalo olorosillo por ahí. En tan sólo un par de días se adaptó a la sala, a su nueva cama, a los olores, colores, texturas y muebles nuevos; busca nuestra atención casi todo el tiempo y se anima a pedirnos que juguemos con él o a que festejemos sus ataques nocturnos de hiperactividad. Y es un encanto. Jamás pensé que podría quererse tanto a un animalito así de fácil, así de rápido.

Peluchín no pudo haber llegado en un mejor momento. Sin duda ha tenido cierto impacto en mi estado de ánimo, y si bien aún no estoy al 100% (cielos, traigo tantas cosas atoradas), ver al gatito jugar con una bolita de papel o sentarse a ver la tele le arranca una sonrisa a cualquiera, incluso al ente apático y pesimista en el que me he convertido en las últimas semanas. Y supongo que detalles tan pequeños como ese pueden hacer una gran diferencia entre un día del nabo y otro que, sin ser perfecto, tampoco está para la basura. Muchas cosas están cambiando en mi vida (de momento y en primera instancia, a nivel interno), y Peluchín viene, de algún modo, a marcar esos cambios. Podré hablar de mi vida antes y después de Peluchín.

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2 responses to “Peluchín

  1. biz June 5, 2008 at 9:53 am

    hey!
    que bonita historia y que bonito nombre.

    a mi me pasó opuesto, me mudé hace un par de años y tuve que ‘abandonar’ a mi hermoso felino en casa de mi mamá. porque en mi ahora hogar el territorio ya está marcado. booo. digo, lo visito de vez en cuando pero.. no es lo mismo.

    mucho ánimo!!! que peluchín te acompañe y traiga consigo los buenos cambios 🙂

  2. Ingrid June 16, 2008 at 6:55 am

    mivida!!! No sabes qué alegría me da leer tu post, es que no hay mejor manera de canalizar muchos cariños y sentimientos que con una mascota.

    De verdad que mi vida también se divide en etapas con mascota y sin ella.. Felicidades barbie-q!

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