¡Dame juerzas!

Diciembre 7, 2009 por sailorblur

Por eso yo ya me voy
No quiero tener nada que ver
Con esa fea relación
De acción-construcción-destrucción…

“Trópico de Cáncer”, Café Tacvba

No me gusta PETA. No creo que la forma en que plantean sus objetivos sea la más adecuada, la más efectiva o siquiera la más respetuosa. A veces rayan en una incoherencia en exceso agresiva que no es para nada de mi agrado y que, lejos de generar conciencia o interés, sólo logra crear una imagen negativísima para una causa que, si bien no es para todos, no deja de ser valiosa.

Lo cierto es que es difícil (al menos para mí) ver los videos que producen sin sentir asco, rabia y tristeza. A principios de este año dejé de comer carne roja, limitando mi consumo carnívoro al pollo y al pavo. Sé que no es suficiente. Y por eso mi objetivo el año próximo es desaparecer la carne de mi lado de la mesa (pues Rossendo no concibe la vida sin carne). El siguiente video no hace sino reforzar mis convicciones.

No será fácil. San Paul McCartney, ¡dame juerzas!

Hay Blur para rato

Diciembre 3, 2009 por sailorblur

Blur no volvió en forma de fichas, pero sí en forma de conciertos, de discos recopilatorios y en vivo, de timbres postales, y ahora también de documental:

Como tener quinciaños. Pero mejor.

Viernes raro

Noviembre 27, 2009 por sailorblur

Hacía muchísimo tiempo que no tenía un día sólo para mí.

- Me desperté a la hora que me dio la gana. Nada de alarmas, prisas o estrés. A las 10:30 tuve a bien levantarme, bien descansada y con un nivel de relajación que no sentía en meses.

- Me dirigí a la cocina para hacerme algo de desayunar, pero acabé limpiando y ordenando la alacena. El TOC a full.

- Cuando finalmente terminé de preparar mi desayuno, me acomodé en la sala y vi el episodio de ‘Life’ que me faltaba. Mi pan tostado con mermelada de frambuesa me supo a gloria.

- Me encanta cambiar las sábanas y la ropa de cama. No es tanto el TOC, sino que no hay nada como irse a dormir envuelto en sábanas recién puestas. Anticipo la hora de ir a la cama con recogijo.

- Salí de compras. Conseguí todo lo que quería/necesitaba y hasta un poco más. Mis botas nuevas ya no me lastimaron. No me agarró la lluvia. El frío me puso feliz.

- Me dio tiempo de ir a un café y sentarme a leer. Pocas cosas me gustan más en esta vida: una bebida calientita y un buen libro como única compañía. El libro es sobre ballenas. Redescubro mi pasión por los cetáceos.

- Me compré dos discos y una agenda 2010. El cartero me trajo la camiseta de Belle & Sebastian que había anhelado desde hace un ratote. También terminé de comprar todos los obsequios que planeo regar a ambos lados del Atlántico. Mi trineo es un boeing 747 de British Airways.

- Escuché el disco de Florence + The Machine como tres veces. Adoro a esa mujer.

- Voy a preparar sopa miso con tallarines y tofu para cenar. Manjar de manjares. Y sin carne.

- Video raro para viernes raro:

Qué en paz estoy.

Tengo que aplicarme

Noviembre 10, 2009 por sailorblur

bart

Yo solía ser una persona creativa. ¡En serio! Dibujaba a todas horas, en todos lados (si guardo aún mis cuadernos desde la secundaria no es por el gran valor de los apuntes de química, sino por los dibujillos tan chulos, cof cof, que dejé por ahí). También solía crear historietas babosísimas -me acuerdo de una sobre Sailor Jupiter (!!!) en la que la pobre se quedaba en cueros en un probador por culpa de Serena… la historieta es tan mala que acaba siendo buena-, y hasta llegué a ser la monera oficial del periódico de la escuela (¡uyuyuy!). En mi tiempo libre, me daba por llenar cuadernos con todo tipo de textos: desde mis frustraciones y anhelos más personales (aderezados con una buena dosis de teenage angst), hasta reseñas de discos/canciones que jamás le enseñé a nadie (obviamente), pasando por cuentitos e historias sosas que se me ocurrían y que yo, ingenua y sin más que el placer de escribir como guía, garabateaba durante horas y horas, dedicada en cuerpo y alma a ellas como si se tratara de una obra para publicación (ya saben que la ñoñez se me da muy bien). Pero bueno. Esa ingenuidad y ese ímpetu -escribir por escribir, sin limitaciones o reglas rigurosas, y con la autocomplacencia como objetivo único- ya no fluyen en mí con la misma facilidad de antes. Y las quiero de vuelta. Tengo que aplicarme.

Tengo que redescubrir ese lado creativo que tengo hibernando desde hace ya varios años. Quiero volver a dibujar en todos lados, volver a garabatear ideas sin descanso, sentir que vacío mi alma y vierto mi cerebro en una hoja de papel, en una pantalla luminosa. Nada más porque sí. Porque quiero, porque puedo y porque me gusta. Ignoro por qué, a pesar del gran placer que siento cuando trazo, cuando invento, cuando redacto, he dejado de hacerlo por tanto tiempo. Distracciones, desviaciones, el ir y venir de la vida diaria, no sé. Pero es hora de retomar el camino y, ¿por qué no?, de tomar otros y ver qué pasa. No quiero dejar que transcurra el tiempo y yo seguir sin pasar del cuarto grado. Es hora de encerrarme en el desván e ignorar las distracciones del mundo exterior. Es hora de prestarle a lo que se gesta entre mis sienes la atención que merece.

sailorblur vs the common cold

Octubre 24, 2009 por sailorblur

Por segunda vez en menos de dos meses he vuelto a ser víctima de un malévolo rhinovirus. Supongo que la carga de trabajo y la racha de estrés marca diablo a las que me he enfrentado durante las últimas semanas no le ayudan a nada a mi sistema inmunológico: tan aporreado está el pobrecillo que ni el suplemento vitanímico ni el jugo de naranja diarios pudieron contra los agentes patógenos causantes del resfriado común. Sin embargo, lo que sí he podido superar es una crisis sentimental como ninguna otra en mi vida. En una semana aprendí y entendí tantas cosas…

Así que hagan el favor de ignorar el post anterior: Ross y yo aún tenemos mucho por aprender y recorrer juntitos. Con todo y rhinovirus. Cof, cof.

P.D. Escuchen a The Asteroids Galaxy Tour. Plis.

No distance left to run

Octubre 10, 2009 por sailorblur

-If you had known that it would end like this, would you have done it anyway?
-I guess not.
-I know I would have.

Y ese es el pequeño gran detalle que hace la diferencia y que encierra todos los por qués.

It’s over. We’ve got no distance left to run.

Para recordar

Septiembre 2, 2009 por sailorblur

oasis

Cuando tenía quince, dieciséis años, ahorré para comprarme una guitarra y pagarme una escuela de música. Mi sueño era aprender a tocar el instrumento y convertirme en la versión femenina región 4 de Noel Gallagher (sí, sueños guajiros). Después de muchos meses de práctica, tuve que aceptar que mis dedos eran torpes (“¡dedos estúpidos!”), mi vista muy pobre (a pesar de los lentes) para poder leer música con la rapidez necesaria, mi impaciencia y frustración demasiadas para entender la teoría musical, y… bueno, en breve, me di cuenta de que mi talento era inexistente.

No llegué a nada productivo con lo que Noel Gallagher inspiró en mí, pero su influencia fue más que palpable en mis años preparatorianos. Oasis (junto con Blur, por supuesto) fue, con toda seguridad, una de las bandas que más escuché en los noventa, sus discos los más esperados, buscados y preciados en mi colección (a la fecha, es la única banda de la que he comprado su discografía oficial completa). Sin embargo, con el cambio de siglo, y mientras mis horizontes y expectativas musicales se expandían, la magia de Noel en la composición y el fuego en la voz de Liam fueron extinguiéndose de a poco hasta quedar reducidos a burdas caricaturas de sus dueños. Empezó a fastidiarme que tras años en el mundillo musical siguieran comportándose como novatos inmaduros, gamberros, prepotentes. Su ego que no cabe en ningún lado. Sus dires y diretes con la prensa, con otras bandas y entre sí. Si tan sólo siguieran haciendo buena música como en el boom britpopero, lo aguantaría y lo perdonaría todo, pero ni eso. Su último disco, Dig Out Your Soul, lo he escuchado completo dos veces, y no tengo ganas de hacerlo una tercera -tengo cosas más importantes qué hacer que escuchar el mismo disco de hace 10 años; tengo música más interesante qué descubrir. La banda que me dio tanto en su mejor época, ahora me estaba dejando con las manos, los oídos y el corazón vacíos. Y es que después de 10 años de soportar tanto pinche drama, el acto que alguna vez resultó divertido, entretenido y original, termina por cansar. Como sus discos, que no fueron sino convirtiéndose en copias al carbón, ya no del material de otros (como al principio de su carrera), sino de su propio material (que nunca fue lo que se dice innovador y que, aún en los tiempos de adoración total, siempre consideré como el menos fresco e interesante de los sonidos del britpop).

Así que cuando supe que, ahora sí, Noel dejaba la banda por sus eternos problemas con su hermano, una parte de mí se alegró. Por fin se acabó algo que debió haber terminado hace años. Y si tan sólo hubieran seguido creando joyas como las que conforman mi lista personal de preferidas, quizá habría sentido tristeza y pesar. Pero al no ser este el caso, la decepción que sentía con la banda -exacerbada también tras atestiguar el vertiginoso y potente regreso de Blur (del que prometo voy a escribir pronto) y determinar que, si nos ponemos a comparar, a la larga aquella mentada guerra entre bandas la perdieron los Gallagher- era ya un asunto de varios años, un mal sin remedio. No se termina la historia de una gran banda: se termina la historia de una gran banda que acabó como una banda del montón. Esa es la verdadera tragedia.

Enjuguemos nuestras lágrimas a golpe de grandes memorias en la forma de grandes y enormes canciones (enlistadas sin ningún orden ni concierto) que vivirán forever:

1. Whatever.

2. Slide Away.

3. Talk Tonight

4. Supersonic

5. Live Forever.

6. Stand By Me

7. Fuckin’ In The Bushes.

8. Stop Crying Your Heart Out

9. Cast No Shadow

10. Wonderwall

11. Rockin’ Chair

12. Half The World Away

13. Sad Song

You’re throwing it all away at the end of the day.

T.

Agosto 25, 2009 por sailorblur

Desperté en medio de la noche. Afuera llovía con fuerza mientras yo temblaba y sollozaba en la cama. ¿El culpable? El sueño más violento que he tenido en años.

Estaba en casa de mis papás, lista para ir a la escuela. Se me hacía tarde, tardísimo, no encontraba ni el suéter ni los zapatos cafés reglamentarios. Al final, llegar tarde a la escuela y con el uniforme incompleto sería lo de menos.

Al salir de casa y meterme al coche de un brinco (donde me esperaba mi padre, quien me llevaría a la escuela), me di cuenta de que las calles aledañas estaban cerradas. Había patrullas por todos lados, la poca gente que pasaba por ahí corría a intentar refugiarse en algún lado. De pronto, apareció la figura de T. (con “T.” me refiero a una persona que durante mucho tiempo fue muy, muy cercana a mí, alguien a quien quise y admiré muchísimo, pero con la cual, debido a problemas de cierta gravedad, ya no tengo ningún tipo de contacto). La sorpresa se convirtió en terror en dos segundos: T. portaba, furioso, una pistola. Y con ella me apuntaba a mí.

Momentos después, ya no estoy en el auto. Estoy en el parque de enfrente de mi casa, de rodillas en el pasto, junto con otras personas que no conozco. Todos estamos atados de pies y manos. Con una mano, T. me sostiene con fuerza del cuello, con la otra, me apunta a la sien. La pistola plateada con la que me taladra el temporal centellea con el sol de la mañana que se cuela entre los árboles. T. me grita y me amenaza, me dice que no intente liberarme ni hacer nada por ayudar a los demás. Un sentimiento de impotencia se desploma sobre mí como un martillo. Me duele ver a otras personas sufriendo por lo que, asumo, es mi culpa: la cólera de T., con o sin razón, es conmigo, y sin embargo, está haciéndole daño a un montón de gente que ni sabe quién es ni conoce sus/nuestros problemas. En el sueño no estoy llorando, pero fuera de él las lágrimas ya empezaban a mojar la almohada.

T. me dice que me va a probar que es capaz de todo. Que puede herir y matar sin sentir ningún tipo de remordimiento. Soltándome, salta hacia otro de los rehenes anónimos. Saca una navaja suiza de color rojo y, sin más, con ella le arranca varias tiras de piel y carne del brazo. Y después se las lleva a la boca. Las mastica, una por una, sin dejar de mostrarme una siniestra sonrisa encarnada. No hay un solo sonido. Sólo la mueca perversa de T.

Desperté temblando como nunca. El sueño fue tan real, tan vívido, que por varios segundos no supe en dónde me encontraba. Me desconcertó la oscuridad del cuarto, el silencio de la madrugada. Lo primero que se me vino a la mente fue mi familia: ¿dónde están mis papás, dónde está Diana? Están en peligro, T. seguro va a buscarlos. Y ya vi que sí, es capaz de todo. Quiero saltar de la cama, correr al teléfono, llamar a casa, asegurarme de que todos están bien. No puedo levantarme. Llorando y muerta de miedo, sólo atino a embarrarme en Ross. Le busco una mano, la tomo desesperada. Empiezo a recobrar el sentido. Todo fue un horripilante sueño. “Abrázame, ¡abrázame!“, le digo cuando se despereza un poco. “Acabo de soñar la cosa más espantosa…” Ross acomoda mi cabeza sobre su pecho. Ya no tiemblo, pero las lágrimas no se detienen. Ya entendí que todo fue una pesadilla -Ross está conmigo, mi familia está bien, T. está lejos de ellos, de mí- pero no puedo parar de llorar. El miedo seguía ahí, a pesar de haber sido producto de una broma en exceso pesada que me jugó el subconsciente. De nuevo las tenazas invisibles me estrujaron el estómago y también el corazón.

¡Argh!

Julio 17, 2009 por sailorblur

Cómo me choca no poder escribir más sobre música por aquí. Es de las pocas cosas en esta vida que me salen bien (además de los tallarines con tofu). Le he estado echando ganas toda esta semana a la crónica sobre Hyde Park, pero hay tantos detalles y tantas cosas qué contar que, por más que lo intento, no me queda un texto ordenado, cohesivo, decente. Sigh.

Y ahora que me han salido dos proyectos grandes de traducción (uno es un boletín de noticias para una compañía de carnisalchichonería, guácala de puerco) y otro es un documento ultrasecreto sobre… pues menos enfoque en el dichoso texto. Sigh.

Pa’ colmo de males, el próximo viernes presento mi examen final de anatomía y fisiología y no he estudiado na-da. Me llevé el libro y los apuntes a Londres (pecando de ñoña) dizque para estudiar en el tren y nomás nada, me la pasé tragando chocolates, dormitando y dándole duro a iSobel iPod (ida y vuelta).  El pobre libro fue a mosquearse y a hacer bulto. Sigh.

El caso es que ya no sé si escribir sobre el concierto o no. Ya van a ser tres semanas y lo que para mí fue el evento del año que bien vale la pena reseñar, para los que me leen seguro ya es noticia rancia que no amerita mayor atención. Sigh.

A ver qué pasa.

You close your eyes and think that this is just imagination

Junio 26, 2009 por sailorblur

mj

No sé cuántas veces he visto la frase “Michael Jackson has died” durante las últimas 16 horas. Ayer por la noche, en vez de ponerme a estudiar para mi examen de histología (yuck), me quedé viendo el canal de noticias de la BBC dizque para “enterarme de la situación”. Y quizá también para que me cayera el veinte. Pero eso es algo que aún no sucede. No importa cuántas notas vea al respecto, no importa que esté acaparando la atención de todos los medios. No importa que ocho de los diez canales de música que tengo en casa estén pasando la videografía de Michael Jackson sin parar, con montones de cintillos repitiendo lo mismo: “Michael Jackson has died”, “The King Of Pop has died aged 50″, “RIP Michael Jackson”, “Long live the King Of Pop”. Yo sigo sin poder creérmelo.

Todos tenemos una historia personal, casi una relación, con la música de Michael Jackson. La mía comenzó cuando uno de mis tíos consiguió el video de “Thriller”, en su edición sin cortes, en videocassette Beta (hagan cuentas). Apenas lo puso en la televisión y yo ya estaba embobadísima, maravillada (y aguantándome un miedo del demonio, con tal de no dejar de ver), con los ojos pegados a la pantalla. ¡Qué magia, qué efectos, qué historia, qué coreografía, qué originalidad, qué… qué grande! Yo era muy pequeña para comprar discos, y como mis padres nunca han sido melómanos, pescar alguna canción de Michael Jackson en el radio era mi única oportunidad de disfrutar su música. Que en Universal Stereo pasaran “Beat It” a la hora de la comida o camino a mi clase de natación era un regalo del cielo. Y gozaba esos cuatro minutos y diecinueve segundos con una emoción que pocos músicos lograban provocar en mi corazón chamaquil. Creo que sólo los Beatles podían competir con Jacko en ese aspecto. No entendía ni jota de las letras, pero la música, la voz, tenían algo que me hacía vibrar de felicidad.

Por ahí de los 11 o 12 años mi señor padre comenzó a darme domingos, con los que empecé a comprar cassettes. Entre mis adquisiciones (algunas demasiado vergonzosas para reproducir aquí, gulp) estuvo la discografía completa de Michael Jackson. Mi favorito aquel entonces era Dangerous (ahora lo es Thriller, el cual, por cierto, compré en cedé hace un par de meses; no debe faltar en ninguna colección de música que se considere decente). Por esas mismas épocas, el Rey del Pop tuvo a bien traer su chou a México. Aún me acuerdo del mariposeo que sentí en la panza cuando vi el anuncio en la tele. De lo que no me acuerdo es de cuánto tiempo pasé pegada al teléfono y con la oreja entumida para conseguir boletos (menos mal que estaba de vacaciones, tenía todo el tiempo del mundo para cumplir mi misión). El día que por fin escuché “¿En qué puedo servirle?” del otro lado de la línea fue uno de los más felices de mi vida, siendo otro de estos el 29 de octubre de 1993. El primer concierto de mi vida. Y era un concierto de Michael Jackson. Carajo, me acuerdo y se me enchina la piel.

Con Michael Jackson comenzó mi gran pasión por la música. Escuchar las canciones ya no era suficiente, por lo que la curiosidad pronto me llevó a leer y releer las letras. A apreciar el significado de una portada. A conocer nombres de productores, de estudios de grabación, de instrumentos musicales raros, de directores de videos. A comprar libros, biografías y revistas especializadas. Hasta destiné un regalo navideño en efectivo de parte de una de mis agüelitas para pagar la instalación de tele por cable con tal de poder ver MTV. Y así, pasito a pasito, queriendo saber más de Michael Jackson, comencé a saber más de otros artistas, de otros géneros, de otros estilos, de otros lugares, de otros tiempos. Y quizá por eso soy como soy, me gusta lo que me gusta y estoy aquí contando estas cosas.

Michael Jackson se ha ido y yo sigo sin saber cómo tomar tal acontecimiento. Lo que sí sé, y con toda certeza, es que mi historia no sería la misma si “Beat It” no se hubiera colado en mis oídos de pre-escolar. De eso sí estoy segurísima.